Espiritualidad Bíblica (Mons. Juan Straubinger)

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Mons. Straubinger es el maestro ideal para introducirnos en “el libro de espiritualidad por excelencia”, por la vastedad de su erudición, la seguridad de su doctrina,  la llaneza de su lenguaje y la aplicación exacta que hace de la espiritualidad bíblica al comprender la esencia de Dios, Padre misericordioso, del Dios que “es amor: hallamos aquí la más alta definición de Dios” y, sabedor él mismo de que “el amor lee entre líneas”, logra penetrar lo inconmensurable que la sabiduría lleva a descubrir a un amador de Dios.
Autor: Mons. Juan Straubinger
Dimensiones: 14 x 20 cm
Páginas: 224
ISBN: 9789876162920

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Mons. Straubinger es el maestro ideal para introducirnos en “el libro de espiritualidad por excelencia”, por la vastedad de su erudición, la seguridad de su doctrina,  la llaneza de su lenguaje y la aplicación exacta que hace de la espiritualidad bíblica al comprender la esencia de Dios, Padre misericordioso, del Dios que “es amor: hallamos aquí la más alta definición de Dios” y, sabedor él mismo de que “el amor lee entre líneas”, logra penetrar lo inconmensurable que la sabiduría lleva a descubrir a un amador de Dios. El mismo Mons. Straubinger recordaba a otro destacado teólogo de la siguiente manera: “Lo primero de que se asombra el que llega a recibir alguna luz de sabiduría, dice Garrigou-Lagrange hablando sobre Santo Tomás, es la suma simplicidad a que ella se reduce. Esto nos hace comprender por qué la Sabiduría divina se revela a los niños mientras escapa al esfuerzo especulativo de los sabios. Chesterton cuenta cómo, después de dar la vuelta al mundo para buscar la verdad, la halló en la iglesita que había en la esquina de su casa. Lo que interesa, pues, esencialmente es difundir el conocimiento espiritual de Dios por medio de su propia Palabra, conocimiento íntimo y experimental, es decir, amistad creciente que, al aumentar la excelencia del concepto que tenemos del Padre y de su Hijo Jesucristo, nos lleva al amor, esto es a ‘la fe que obra por la caridad’ (Gál. 5,6) (Pról. cit.).
Pero además la transmisión de la espiritualidad bíblica le ha sido posible a Mons. Straubinger porque, a imitación de María, entendió cuál era aquella sola cosa necesaria, y detenido en una actitud de atenta receptividad, se apartó de toda otra preocupación y abrazó entero la misión que por sus dotes Dios le había encomendado. Afirma San Isidoro de Sevilla en sus Sentencias: “En la contemplación u ocio espiritual es verdad que solamente escudriñará los secretos de los mandamientos divinos quien, habiendo apartado el ánimo de la pesadumbre de cuidados temporales, está aplicado a las Santas Escrituras con asidua familiaridad. Pues lo mismo que el ciego y el que ve pueden ciertamente los dos andar, pero no con igual libertad, porque el ciego tropieza, andando a donde no ve; mas el que tiene vista precave los estorbos y conoce adónde se ha de dirigir; así quien está ofuscado por la niebla de cuidados terrenos, si prueba a escudriñar los misterios de Dios, no puede: no ve por la oscuridad de los cuidados. Eso puede hacerlo aquel que se aleja de los exteriores cuidados seculares y se dedica todo entero a meditar las Escrituras”. Y en efecto Mons. Straubinger, siguiendo a los maestros exégetas de la historia eclesiástica, nos facilita el camino indicándonos los senderos iniciales donde sin tropiezos nos animemos con entusiasmo a seguir por nuestra cuenta, para descubrir aquello que Dios a cada uno de nosotros quiere revelarnos: su propio Verbo, el amado Hijo de quien “todas las cosas emanan” y “todas proclaman su unidad: Él es el principio, Él mismo es quien nos habla” (Kempis, I, III) y por quien somos hechos hijos de su mismo Padre. Es inconcebible, entonces, adentrarse en las Sagradas Escrituras con otro fin que no sea el de conocer y amar a este Verbo, Hijo de Dios, a Nuestro Señor Jesucristo, de manera tal que ese conocimiento nos lleve a imitarle. “A los que sabemos por la fe que un Dios murió por nosotros en la cruz, no nos es lícito amarle con tibieza, pues en nuestro corazón solo ha de estar grabado Aquél que por amor nuestro quiso morir crucificado” (San Alfonso María de Ligorio, “Reflexiones sobre la Pasión de Jesucristo”). Esto es lo que complace al Padre y a ello nos enseñó Jesucristo a atenernos.
A fin de contribuir a dar continuidad a esta obra inmensamente rica e imperecedera de Mons. Straubinger en la difusión de la palabra de Dios, nos hemos propuesto introducir al lector a este probado conocimiento bíblico a través de algunos comentarios seleccionados de nuestro traductor y comentador bíblico donde condensamos temáticamente la espiritualidad bíblica transmitida por aquel gran traductor y exégeta, no a modo de reemplazo sino por el contrario de estímulo, de acicate e introducción para emprender, continuar o retomar la lectura diaria y meditada de la Sagrada Escritura.

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